Volcán Malacara

Cielo, tierra y agua se conjugan y nos ofrecen impresiones y encantos difíciles de explicar, solo hay que animarse a vivirlas.

Su nombre se debe al parecido con la cara manchada de los caballos malacara

La naturaleza despliega sus mensajes, a veces magistrales, a veces sutiles, solo es preciso aprender a leerlos. Cielo, tierra y agua se conjugan y nos ofrecen impresiones y encantos difíciles de explicar, solo hay que animarse a vivirlas. El volcán Malacara es uno de esos destinos que reflejan situaciones que permanecerán de por vida en imágenes y sensaciones, Sus tonos amarillentos y anaranjados en su cráter, debidos a la presencia de agua en su erupción, contrastan con el resto del aparato volcánico y el paisaje circundante.

Esta imponente estructura de 1876 m.sn.m., compuesta por tres grandes cráteres anidados que indican la complejidad de su formación, se visualiza a pocos Km. de haber ingresado por la ruta 186, camino a la Reserva Laguna Llancanelo, a la que llegan uno de los tres flujos de lava. Al llegar, los anfitriones son la Familia Quesada, en el Paraje La Batra al pié del volcán, desde allí salen las cabalgatas, 4x4 y trekking.

Su erupción fue de características hidromagmaticas, es decir que se produjo cuando el material volcánico entró en contacto con el agua, dejando al descubierto grandes cárcavas de casi 30 metros de altura por las que ingresan las excursiones. Allí, los pasadizos, cráteres, cuevas, chimeneas y aspecto conforman las huellas del estallido hidromagmático del volcán. La luz del día que se filtra desde las alturas resalta distintas imágenes que se manifiestan en colores grisáceos, rojizos y verdosos.

Las sensaciones se exaltan al transitar las cárcavas de “Los Puentes”, la de “tito Alba” y las “ Cárcavas oscuras”. Pero hacer el esfuerzo de ser parte de esta excursión no tiene precio, ya que en su recorrido se llega a uno de los miradores más extraordinarios del área, desde donde se observan La Laguna Llancanelo, la Cordillera de los Andes y La Payunia. También se aprecian flora y fauna autóctona y es ideal para realizar safaris fotográficos.

El lugar se visita todo el año. • Su nombre se debe al parecido con la cara manchada de los caballos malacara, cuya denominación desciende de la costumbre lingüística de la gente de campo